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¿Debe ser mi primogénito el sucesor de mi empresa familiar?

Una de las relaciones más profundas, emotivas (y complicadas) que tiene el ser humano es la de padres e hijos. Quiero compartir una fábula que ayuda a entender algunos aspectos de este vínculo. Érase un lápiz que se había dedicado a escribir la historia de su vida. En el proceso se equivocó muchas veces, pero su borrador lo auxilió siempre con presteza. El lápiz se dio cuenta del desgaste de su compañero y le dijo: “Lamento lo que te sucede. Me has ayudado a crear mi historia, pero al borrar mis errores sacrificaste una parte tuya y te has desgastado”. Con una sonrisa, el borrador contestó: “Ese es mi propósito y lo hago con mucho gusto. Todos tenemos una misión; si no pudiera hacerlo no me sentiría completo. Algún día voy a desaparecer, pero mi legado permanecerá en la maravillosa historia que has creado”.

Es una gran empresa acompañar a un hijo en su proceso de desarrollo y maduración. Un momento trascendental en esta labor es guiar a los hijos en la elección de su profesión; sin embargo, aunque los padres pueden sugerir y aconsejar, cada joven hace su elección. Los fundadores de una empresa familiar se encuentran ante este dilema cuando piensan en la sucesión. Por supuesto, la mayoría desea que sus hijos sigan sus pasos, pero esa expectativa puede no ser lo que los herederos desean, incluso puede no ser lo mejor para la empresa. La sucesión es un proceso que la compañía debe realizar a partir de una planeación estrategia, no es una decisión reservada a lo afectivo. Entendiendo esto, el fundador dejará de preguntarse si su primogénito debe ser el sucesor y más bien reflexionará sobre quién puede ocupar ese puesto, o mejor: quién tiene las habilidades y competencias necesarias para ello.

En vez de pensar en la sucesión como un evento que ocurre en un determinado día, hay que pensar en ella como un proceso que ocurre durante un largo período de tiempo. Los padres debemos empezar a sentar las bases de la sucesión cuando nuestros hijos son niños.

Lograr una transición con una estrategia adecuada es una tarea que requiere tiempo, idealmente, entre 5 y 10 años. Un punto de partida es diseñar el perfil del siguiente director general; no se trata de una lista de cotejo por cumplir, es más bien un camino por recorrer con los candidatos a la sucesión, un proceso de formación en el que se les debe acompañar, no manipular (como bien sabe hacer el borrador de la fábula.) Dos aspectos fundamentales en el proceso son los siguientes:

  • El interés por la empresa se inculca, no se nace con él: La organización tiene una cultura, valores y políticas de trabajo que la identifican. Si un elemento de la familia se siente cómodo con esta cultura empresarial, puede ser candidato a la sucesión, así como pueden serlo los colaboradores ajenos a la familia que destaquen en su labor.
  • Preparación a través de la experiencia: La valía de un familiar se prueba asignándole responsabilidades que van de acuerdo con su formación, capacidades y habilidades. La experiencia se obtiene no solo en las funciones realizadas; el conocimiento profundo del modelo de negocios, de la oferta de valor y en general de las operaciones de la empresa y como las hace le dará a un posible sucesor el empoderamiento y liderazgo para asumir un puesto con mayor responsabilidad.

Emprender la sucesión con responsabilidad llevará al fundador a generar un buen ambiente familiar y empresarial, conociendo las habilidades, capacidades e intereses de sus hijos, dándoles herramientas para elegir un camino de vida, lo cual redundará en la mejor decisión para la empresa, la familia y principalmente para ellos. Es probable que luego de un análisis cuidadoso, el mejor candidato no sea el primogénito o incluso no sea parte de la familia. Esto no significa que la empresa dejará de ser familiar o que los herederos no participarán en la misma, se puede seguir en control de la compañía sin encargarse de operarla, puede ser sencillamente desde el consejo de administración o ejercer con una adecuada preparación su papel de dueños en la asamblea de accionistas. Recomiendo acudir a la asesoría profesional para tener una guía adecuada durante este proceso.

Vía: Forbes México.


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