Alma Savia: Innovar en familia para conquistar nuevos mercados.

Desde una finca en el sur bonaerense hasta una marca de biocosmética con identidad propia, Alma Savia es la historia de una familia que se animó a hacer algo distinto, aprendió a esperar y hoy proyecta su futuro con la misma convicción de sus comienzos.

Finca Don Gregor: Pioneros en suelo bonaerense.

La historia comienza en 2008, en la Finca Don Gregor, ubicada en el paraje La Aurora, a unos 50 kilómetros de Coronel Dorrego. Fue allí donde Paula Tomalino, impulsada por el deseo de desarrollar un producto no habitual en la zona y darle valor agregado en origen, decidió animarse a algo distinto.

Tras un período de búsqueda y aprendizaje, en 2010 llegaron las primeras plantas de alcaparras, adquiridas en Santiago del Estero. No se trataba de cualquier variedad: eran plantas AR1, seleccionadas por su capacidad de adaptarse al entorno y por permitir un manejo más eficiente del cultivo. La apuesta no estuvo exenta de dudas ni desafíos, como suele ocurrir en los comienzos de toda empresa familiar.

El primer gran desafío fue la paciencia: esperar a que la tecnología y la naturaleza se alinearan. Para Paula, acompañada por su esposo Jorge Fritz y sus hijos, el momento fundacional fue ver cómo aquellas plantas finalmente se adaptaban al clima bonaerense y comenzaban a entregar sus frutos. Desde entonces, la premisa de la finca ha sido crecer «despacio pero con la firmeza de la convicción», priorizando el respeto por los recursos naturales y operando íntegramente con energías renovables.

De la tierra al laboratorio con Alma Savia.

Con el paso de los años, y a medida que la experiencia se acumulaba, la empresa familiar comenzó a consolidarse. Lo que había empezado como una apuesta productiva fue tomando forma, siempre sostenido por el acompañamiento constante de la familia. En 2021, tras más de una década de experiencia productiva y motivada por investigaciones científicas sobre las propiedades de la alcaparra, Paula decidió dar un nuevo paso: transformar ese recorrido en un nuevo proyecto. Lo que había comenzado como una producción gourmet de alcaparras y alcaparrones, bajo la marca Alma Savia, evolucionó hacia una empresa de biocosmética pionera en Latinoamérica.

La empresa supo capitalizar las propiedades antioxidantes y regenerativas de sus propios cultivos, integrándolos con otros insumos regionales emblemáticos, como el aceite de oliva de Coronel Dorrego. Desde entonces, la empresa de familia desarrolla líneas de productos solares, corporales y faciales, manteniendo una identidad clara y coherente con sus orígenes. El paso del tiempo permitió no solo mejorar los procesos productivos, sino también fortalecer los valores que guían a la empresa familiar: el respeto por el entorno, la innovación y el compromiso con un desarrollo de impacto positivo.

Con solo dos empleados externos y un núcleo familiar de cuatro personas profundamente atentas a las necesidades del negocio, han logrado diversificarse. Mediante una alianza estratégica con un laboratorio en CABA, Alma Savia ha comenzado a delegar la fabricación y el envasado. Esta decisión permite a la familia concentrarse en su fortaleza —el cultivo y la obtención de extractos de alta calidad— mientras profesionalizan la escala del negocio sin perder su identidad de marca ni su certificación de calidad (OIA).

Un futuro que se construye en familia.

Pensar el futuro de Alma Savia es, para la familia, una extensión natural del camino recorrido. No se trata de crecer a cualquier costo, sino de hacerlo con coherencia, planificación y el mismo cuidado con el que todo empezó.

El objetivo es claro: consolidar su presencia en el mercado nacional de biocosmética y seguir expandiendo sus líneas —solar, facial y corporal— bajo la rigurosidad de los estándares de triple impacto. Con la mirada puesta en la planificación de nuevas áreas de trabajo y la incorporación de recursos humanos, la empresa se prepara para una nueva etapa de crecimiento organizacional, siempre guiada por el ejemplo y la coherencia.

Cuando Paula mira hacia adelante, no lo hace desde la certeza absoluta, sino desde la confianza en el camino recorrido y en una familia que aprendió, con el tiempo, que crecer también es saber esperar. Su consejo para otras empresas de familia es: «Trabajar en armonía y saber elegir el lugar que mejor se sienta cada integrante para aportar sus conocimientos”.

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