Compartimos la historia de la familia empresaria Wesley, una familia argentina que ha dedicado su vida a los caballos, la vida de campo y la cerveza artesanal. En la nota del medio ANB, Tom Wesley narra cómo llegó el apellido a Argentina y finalmente a Bariloche, donde emprendieron ligados al turismo.
Tom Wesley sigue ligado a los caballos, aunque dice que delegó la empresa familiar a sus hijos. Fotos: Marcelo Martínez.
Hoy, la familia Wesley es parte de la historia de Bariloche, pero la llegada de este apellido a Argentina se remonta a unos 150 años atrás, cuando Enrique Wesley, comerciante y navegante de Inglaterra, sufrió el hundimiento de su barco. En ese momento, decidió buscar suerte por otro destino y llegó finalmente, a Gualeguaychú, en 1875.
“De haber sido acaudalado, tuvo que empezar de nuevo, como peón, hasta que empezó a administrar algunos campos”, dice Tom Wesley, repasando un poco la historia de sus antepasados, en el lugar donde nació, se crió y formó su empresa familiar.

De Gualeguaychú, el próximo destino fue Tandil, donde nació Eduardo, conocido en Bariloche como Teddy, padre de Tom.
Tom cuenta que en la Segunda Guerra, su padre decidió presentarse como voluntario y le tocó ir a Birmania. Allí, cae malherido y como si fuera una película, se enamora de Leonor, una joven nacida en la India, que prestaba colaboración para asistir a los soldados heridos.
La pareja contrae matrimonio y viaja hacia Tandil. En 1947, unos amigos los invitan a Bariloche a pasear. Ese viaje, que era corto y con fecha de vuelta, se convirtió en una estadía para siempre, en el lugar que convirtieron en su hogar.
“Aquí conocieron a Moreno, que había sido aviador en la Segunda Guerra. Con mi padre, pusieron un criadero de gallinas. Mi papá era una persona muy inquieta”, rememora.
La primera casa que construyeron para la familia, estaba en el terreno de este amigo, que finalmente le cede cinco hectáreas en el bosque, a cambio de esa vivienda. Tom relata que en aquel entonces, el terreno no tenía gran valor, estaba lejos del lago, lejos del pueblo, pero Teddy lo aceptó feliz. “Estuvieron como un año viviendo en carpa hasta que construyeron la primera casa”, añade. En esa casa nacieron él y sus hermanos y sigue en pie, como parte del legado familiar.
Tom en el restaurante de la granja cervecera. Foto: Marcelo Martínez.
En el terreno, ubicado en el kilómetro 15,500 de la avenida Bustillo, Teddy y Leonor continuaron con la cría de gallinas, tuvieron a sus cuatro hijos y Leonor creó su propia fábrica de velas, que mantuvieron con éxito hasta que las importaciones y otros productos, los hicieron perder ventas.
Su padre fue productor de huevos, y también tuvo visión turística. Construyó unas casitas que se alquilaban al turismo, que en aquellos tiempos vacacionaban de forma distinta también. “La gente no venía por un par de días, se quedaban todo el verano”, relata.
Si bien hoy están ligados a las cabalgatas y reconocidos por esta propuesta turística, Tom cuenta que el primer caballo de la familia fue suyo, y lo cambió por una bicicleta. Sus padres no estaban muy felices con la decisión, sin saber seguramente, que significaría un camino que su hijo seguiría y transmitiría a sus hijos años más tarde.
Las cabalgatas son un sello de la familia Wesley. Foto: Marcelo Martínez.
“Era una yegua y tuvo cría, así que de a poco, tuve más caballos y siendo chico empecé con las cabalgatas, aunque hacía una a lo lejos, no se movía mucho”, recuerda, ahora, medio siglo después.
Pasaron los años y esta pasión por los caballos se convirtió, luego, en una escuela de equitación a la que asistían decenas de chicos y chicas de Bariloche. “Teníamos un sistema de rotación. Con 20 caballos, podíamos tener 80 chicos en la escuela, porque separábamos en grupos y cada uno se dedicaba a algo, para enseñarles el cuidado de los caballos y todo”, explica.
Eran épocas de inviernos duros y largos. En temporada de nieve, Tom se dedicaba a dar clases de esquí, para sustentarse mientras no podía hacer actividades con los caballos. Un día, charlando con un amigo, este le sugirió incorporar turismo estudiantil a la propuesta equina.
Después de pensarlo, Tom decidió arriesgarse. “Inventé otras cosas, tipo juegos, para rotar y que todos pudieran salir a dar una vuelta a caballo. Es una experiencia única para chicos que, seguramente, no anduvieron nunca y pocas veces tuvieron caballos tan cerca”, dice.

Eso fue a mediados de los ‘80, y hoy, unos cuarenta años después, sigue funcionando con éxito. Incluso, Tom cuenta que muchos de los estudiantes que llegan al predio siendo estudiantes, vuelven años después ya adultos, a repetir la experiencia.
En 1982, Tom se casó con Mercedes, “el pilar del grupo”, dice sin dudarlo. Con ella tuvo a sus tres hijos que crecieron compartiendo la visión de Tom. “Tuvimos la suerte de verlos a los tres estudiar carreras y que hoy pueden ocuparse de la empresa familiar”, remarca.
Hace unos diez años, sus hijos comenzaron a probar con la producción de cerveza. Si bien no lo habían hecho de forma comercial, Teddy solía cocinar su cerveza, “pero bien casera, algunas salían bien y otras no se podían ni tomar”, dice con una risa Tom, recordando a su padre.
La cerveza, que comenzó con la idea de abastecerse para sus fiestas y reuniones familiares, se convirtió en un éxito y hoy, está entre las mejores cervezas artesanales de Bariloche y la región.
Cuando la producción tomó un rumbo formal y comercial, Tom tuvo la idea de hacer del lugar que los vio crecer a todos, “una granja cervecera”. Incorporó animales para que las familias disfrutaran del espacio, de una rica cerveza y de una exquisita comida en medio de la naturaleza. “También pensando en los nietos, que puedan ver de cerca el ciclo de la vida y tengan contacto con los animales”, dice Tom, ahora abuelo de cinco niños.

Las cabalgatas siguen siendo un sello del apellido y allí reciben turistas a diario, además de contingentes de estudiantes, que quieren recorrer la zona a caballo, con un paseo que para todos será, seguramente, inolvidable.
Tom dice que la empresa ya la manejan sus hijos, que lo hacen muy bien y con una risa, dice que en eso influye su madre, “que los tiene cortitos”. Él se dedica más que nada a los caballos, a mantenerlos, a hacer los recambios con los animales que tienen en un campo en Comallo.
El predio, que con el tiempo pudieron agrandar, también tienen un invernadero, donde cultivan gran parte de lo que utilizan en el restaurante.
A poco y nada de sus siete décadas, Tom no lo duda: “la vida con los caballos fue y es muy linda. Todo lo que los rodea. La gente en el campo es simple, gente buena. Es lindo rodearse de gente que siempre está contenta. Creo que mi vida va a seguir siempre igual porque me gusta el trabajo, y es lo que me mantiene”, afirma. (ANB)
Podés leer más sobre la familia Wesley en el siguiente enlace: https://www.anbariloche.com.ar/noticias/2025/01/05/96689-caballos-vida-de-campo-y-cerveza-artesanal-la-historia-de-la-familia-wesley
Fuente: ANB Por Claudia Olate.