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Y si Borges no hubiese sido Borges…

«… Fui escritor por razones fisiológicas y por una decisión de mi padre, que me dio a entender que tenia que ser el escritor que él no había podido ser …» Jorge Luis Borges, pág. 100 del libro Diálogos Borges Sabato, compaginado por Orlando Barone.

Las mentes inquietas suelen perseguir el sueño de la empresa propia, la independencia, la salida de las jornadas laborales limitadas y un amplio abanico de desarrollo que sin dudas debe ser impulsado por su gente de confianza.
Algunos toman el camino del profesionalismo, el aprendizaje de un oficio y estarán los que deciden emprender la empresa propia que en mayor o menor medida, es integrada por su circulo de confianza, «su familia».

Por los informes que se ven en los medios, tanto gráficos, como medios de comunicación convencionales y otros más actuales, se concibe que el 60% de las empresas son fundadas por líderes con gran vocación solidaria, quiénes en forma inconsciente incorporan familiares como socios e incluso como empleados de las mismas con la finalidad de garantizar una fuente de trabajo, como sustento económico para el grupo.

En toda empresa la vocación del fundador es loable desde la singularidad solidaria, es que el fundador está pensando en el futuro de las generaciones venideras, en sus posibilidades de continuar el empréstito y el significado de la incorporación de un pariente para la formación, aprendizaje y desarrollo amplio de la empresa y el consecuente sustento para la descendencia.

De aquí surgirán 3 factores que van a dominar toda la vida de la empresa:

En primer lugar, encontraremos las condiciones culturales de la misma de acuerdo a la vocación de su fundador, en segundo lugar nos encontraremos con el choque vocacional de la segunda generación que se va a incorporar a la empresa desencadenando en ello factores emocionales que muchas veces superarán las condiciones técnicas de trabajo. Finalmente, nos vamos encontrar con la necesidad de integrar las generaciones, integrar el profesionalismo que nos permitan hacer crecer la empresa.

Seguirán tiempos confusos, reuniones en la casa del fundador como si estuviese el directorio trabajando a pleno, el ámbito de la empresa con las tensiones propias de la relación padre e hijo, sobrino y tío, hermanos. Subsistirá lo más importante de todo: la estabilidad y el sustento de la familia. Habrá una empresa, que con patrimonio sabrá socorrer a un miembro de la familia cuando este sufriese una contingencia, sea esta de salud, accidental o que imposibilite temporariamente efectuar sus tareas.

La empresa será un reflejo de los valores familiares, será un ámbito de aprendizaje para los más pequeños y, ¿por qué no?, un anhelo de integrarla de formar parte, en sí, de contribuir en su desarrollo.

El obstáculo más grande, será imponer una vocación para aquéllos miembros que no tenga interés en formar parte de la misma y este obstáculo será tanto para su fundador como para aquél que quiera salir, porque, después de todo, lo emocional tendrá su peso.

El camino no es la imposición, no es la confrontación. La verdadera integración de la familia en la cadena de valores y en el componente de la empresa lo determinarán dos condiciones: el estilo de conducción y el sentido de pertenencia que la misma genere. Es que más allá de las condiciones fisiológicas y la imposición de su padre, si Borges no hubiese encontrado sus sentido de pertenencia en el mundo literario, no hubiese sido Borges.

 Autor: Guillermo Tezón. Socio Investigador Academico IADEF.